La revolución rusa del café

05 Mar 2018

La última revolución rusa es la del café: el consumo subió desde 750 millones de dólares en 2001 hasta 2.500 millones en 2011. Hace unos años, el primer ministro Dmitri Medvedev dijo que el Americano, el tradicional café alargado con agua caliente, no era bienvenido, acaso como resabio de la Guerra Fría, y propuso que se tome el Rusiano. El pueblo respaldó la idea. Moscú se subió a la Tercera Ola del café con una enorme cantidad de cafeterías de especialidad que sirven espressos, flat whites o cappuccinos, bebidas que eran difíciles de encontrar en la capital. Y a tono con las necesidades de los trabajadores portátiles también se imponen las cafeterías donde se paga por hora y no por consumo, para brindar refugio y wi-fi a los que trabajan por la calle en medio del frío.

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Business Class

La era del café “rusiano”

25 Nov 2016

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Como el café, la Guerra Fría sigue caliente. El rusiano es el nuevo café que se intenta imponer en Moscú para combatir la hegemonía del café americano. Todo empezó con un comentario de Dmitry Medvedev, el primer ministro de Rusia, durante una reunión con los líderes de Eurasia. El funcionario, íntimo de Putin, reprendió a un participante que había pedido un café americano. Para el jefe del gobierno ruso, el nombre de la bebida “no es políticamente correcto”. Y exigió: “¡Rebauticémosla!”. Un miembro de la delegación armenia no tardó en dar con el nuevo nombre: “¡Rusiano!”. Pero aquello no quedó en un simple episodio chistoso porque, obsequiosos con el gobierno, varios restaurantes rusos eliminaron de sus menús el café americano.

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Ideotas

La cafetería más espectacular del mundo queda en… Siberia

23 Dic 2013

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Mientras la Argentina padece uno de los más brutales calores de los últimos tiempos, en otro lugar del mundo abre una cafetería congelada. Queda en Siberia y es un domo espectacular de tres pisos que resulta un prodigio de arquitectura y diseño. La tienda es la sede central de Traveler’s Coffee, una cadena rusa con 76 locales en cinco países (Rusia, China, Ucrania, Kazajistán y Azerbaiján). La diseñadora inglesa Anna Burles proyectó un “domo geodésico” donde se propuso crear un entorno donde “ningún ruido perturbe la experiencia de disfrutar un café asombroso”. Más reflexiones: “En un mercado sobresaturado, con una creciente cantidad de tiendas artesanales de café en pueblos y ciudades, ¿qué es lo que te lleva a elegir una cafetería y no otra? ¿Y qué podemos hacer los diseñadores para que los clientes sean más leales? ¡Café!

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Ronda de cafeterías

Pasión popular por el café azulgrana

15 Feb 2012

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La fiebre por el Barcelona se multiplica en el mundo: si es cierto que es el mejor equipo de fútbol de la historia, ¿acaso ése no es un buen motivo para brindar con café? Un grupo de estusiastas rusos desarrolló el proyecto FC Barcelona Coffee House: una línea de granos premium con envases que rinden tributo al equipazo y que inmortalizan las estampas de Messi o Puyol, entre otros. Entre tantos millones y millonarios, los rusos proponen que el fútbol recupere una estética urbana (“la mayoría de los futbolistas empiezan a jugar en la calle”, dicen) y por eso dibujaron una colección de stencils que lleva los graffitis de las paredes a los paquetes de café.

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Marcas de café

Sin misterios: la receta está en el vaso

13 Ene 2012

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¿Cuánto de café y cuánto de agua lleva un americano? ¿Cuánto de café y cuánto de leche lleva un latte? Para resolver algunos de los dilemas del bebedor sin experiencia, los ingredientes están ilustrados en el mismísimo vaso. La ideota fue de la diseñadora Grisha Sorokin, para la cafetería moscovita Shokoladnica. Desde Rusia, con didactismo cafetero.

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Ideotas

Un café de lujo para los millonarios rusos

12 Ene 2012

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Hace ya más de veinte años, la caída de la Unión Soviética puso fin a décadas de comunismo y generó una clase desconocida entre los rusos: los oligarcas, funcionarios grises del partido que recibieron las empresas estatales después de las privatizaciones y se convirtieron en millonarios súbitos. Para ellos está pensada esta edición limitada de café de lujo. La subsidiaria rusa de la empresa yanqui Kraft Food (¡si Lenin viviera…!) lanzó una coqueta caja premium de su marca Carte Noire con un cuartito de café y una copa para tomar cappuccino, diseñada por Igor Chapurin, un modisto top y dueño de su propio bar: sí, el Chapurin Bar. Además de tunear la copa con firuletes que remiten a la alta costura, la cajita se pensó para preparar bebidas cafeteras según su “receta secreta“, dijo Chapurin. No contaban con su astucia.

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Marcas de café

Rusia: se vende la cafetería de la KGB

12 Feb 2011

Cable de último momento de la Agencia ANSA: “El legendario café Praga, donde se estrenó Tres hermanas, del escritor Anton Chejov, y donde tomaban cerveza el poeta y revolucionario Vladimir Maiakovski y los hombres del servicio secreto de Joseph Stalin, está en riesgo de perderse: hay un plan para convertirlo en un restaurante, y el interesado es el diseñador italiano Roberto Cavalli. Símbolo de Moscú desde tiempos de los zares hasta el poscomunismo, el lugar está en la mira de Cavalli, preferido de los nuevos ricos rusos. Se desconoce si existe ya un acuerdo entre Cavalli y Telman Ismailov, el multimillonario que posee el café Praga. Lo que sí circulan son especulaciones que toman como base un monto de 450 millones de dólares, el valor del inmueble y la marca.

kgb-coffee1El café Praga surgió como taberna popular en 1870 y se transformó luego en un restaurante refinado de Moscú. Después de la revolución de 1917, el Praga fue nacionalizado y muchas de sus salas destinadas a cines y negocios. Con la llegada al poder de Stalin, el restaurante se cerró por motivos de seguridad y fue convertido en una cafetería especial para la KGB. En 1955 volvió a su antiguo esplendor, para celebrar el primer decenio de la liberación de Praga del nazismo. La historia reciente del café se construyó sobre la base de las palmeras de plástico y piezas de decoración kitsch introducidas por su propietario actual, conocido por sus extravagancias, como la de hacer viajar a la actriz y cantante Jennifer Lopez sólo para que le cante “Happy Birthday”.

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Ronda de cafeterías

Moscú, día 5: una bandera verde en el imperio rojo

12 Oct 2009

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Una cuestión de orgullo nacional: en Moscú, nadie pero nadie habla inglés y el que habla se hace el que no entiende. Aunque los Beatles nos hayan hecho creer en el idioma de la Reina que “las chicas de Moscú me hacen cantar y gritar” (Back in the USSR) y el mito popular repita que tocaron en vivo y en secreto para los jerarcas del Soviet Supremo, es el idioma del enemigo y, encima, del que ganó. Por eso, en esta esquina de la recoleta avenida Tverskaya, donde están los Marriott, los Sheraton y los Four Seasons, en esta esquina se esconde casi con pudor el CTAPbAKC que planta bandera verde en el imperio rojo: Starbucks, en ruso. La internacional cafetera homologa interiores allá donde se presente, con ligerísimas señas de identidades nacionales: un vasito térmico con el dibujo de una mamushka, los tazones que en mi patria reproducen un glaciar como ícono criollo (¿dónde vivo, en Alaska?) y que acá replican la postal turística del Kremlin, y un hogar eléctrico, con fueguito y todo: leo que, durante al menos dos semanas entre diciembre y enero, la temperatura se estira hasta los 30 grados. Bajo cero.

CTAPbAKC. La versión rusa de Starbucks, el café de los "BoBos".
CTAPbAKC. La versión rusa de Starbucks, el café de los "BoBos".

Ajenos al pasado soviético, en sus celulares inteligentes se concentran los jóvenes BoBos (no tontitos: “bohemios-burgueses”, que acá los hay) y, junto al mostrador, se ofrece para llevar una variedad superpremium: como en la tarjeta de crédito, con paquete negro, el nuevo color del lujo total. Etiquetada como “Especial La Candelilla“, la caja de cartón troquelado muestra una foto caribeña y precisa el origen: Tarrazú, Costa Rica, terruño donde los cafetos crecen en la calle o al costado de la ruta, edén o infierno para el perdido por la infusión. El texto en español se lee con la extrañeza de los primeros avisos de un extraterrestre, pero un esperanto cafeteril hermana a los pueblos en la comunicación más básica: “Latte”, balbuceo trémulo, y un delantal verde empieza a calentar la leche.

Publicado en Clarín.

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Crónicas de viaje

Moscú, día 4: postales de la niñez soviética

11 Oct 2009

rusia7La nena te mira con los ojos grandotes y la cara, entre consternada y estática. El pañuelo de colores que le cubre la cabeza es el símbolo de una niñez sufrida y, si una cruzada nacional juntó chocolates para los soldados de cualquier guerra, acá la imagen del paquete provoca culpa en el goloso, más por la estampita de una nena con estrecheces que por la ingesta de calorías: el packaging del chocolate Alyonka es una postal de la niñez soviética.

alyonka1Producto estrella de la fábrica Krasnii Oktyabr (“Octubre Rojo”), un souvenir que sobrevivió al comunismo, al menos en su representación icónica: desde la caída de la URSS, y aunque emplazada estratégicamente enfrente del Kremlin, al otro lado del río Moskva, Krasnii le pertenece a la multinacional Nestlé. Alyonka, el chocolate de la nena soviética, es uno de los productos más vendidos en Gastronom N°1, la supertienda de alimentos que atiende las 24 horas adentro de GUM, ex “Grandes Almacenes Estatales”, hoy shopping de lujo (y lugar donde acompaño el café con el tiramisú más delicioso que haya probado en mi vida: servido en vaso, y con dos vainillas como coronas). Los pisos de mármol y los mostradores laqueados sobreviven desde los años del Soviet, cuando la tienda hacía milagros para lograr la convivencia improbable entre el lujo ornamental y el racionamiento de comida, con las filas de rusos hambrientos que reclamaban una colación estatal y aguantaban el frío hasta la mismísima Plaza Roja.

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Gastronom N° 1. La supertienda gastronómica de Moscú.

¿Milagros inesperados? Con una peculiar idea de justicia social, todavía hoy se dice que Gastronom N°1 (definitivamente, más un Dean & Deluca báltico más que una proveeduría comunista) satisface las necesidades de la babushka pensionada o del oligarca obsceno: una cajita de té con envase soviético a módicos 10 rublos (la mitad que un pasaje de subte) o la exquisita infusión Premier, a 10 mil. Casi 350 dólares. ¿No es fino?

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Crónicas de viaje

Moscú, día 3: Jamaica en Europa del Este

10 Oct 2009

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“Russia, niet kaΦe”, se esfuerza la encargada del mostrador Cafés de la supertienda Gastronom N°1 y, aunque ya sé que la temperatura ártica impide el cultivo y ella me hace oler una variedad que me tienta, me resisto al impulso comprador: tan lejos del trópico, parece una picardía llevarme de acá un café del “Ekvador“, según me dice. Reemplazado comunismo por consumismo y con nostalgia por los tiempos en que Rusia fue potencia (en la Plaza Roja venden todo tipo de memorabilia estalinista: réplicas del gorro del General o souvenirs con la hoz y el martillo), el capitalismo está cumpliendo la mayoría de edad desde aquellos meses finales de 1991 en que el beodo Boris Yeltsin decretó el final de la URSS y empezó a fundar el mito de los nuevos oligarcas (¿alguien dijo “mafiosos”?), como los de la película Promesas del Este o, más todavía: como el dueño del Chelsea y su fortuna de 20 mil millones de dólares.

Mi primer Dostoievski. "El jugador" y un espresso, en mi KAQETTN.
Mi primer Dostoievski. "El jugador" y un espresso, en mi KOΦETTN.

En Moscú, el nuevo rico se atraganta de bolsas y por eso no sorprende ni aun al pobre turista latinoamericano que en Gastronom N°1 se ofrezcan bolsitas con Blue Mountain, el café jamaiquino más caro del mundo (bueno, tampoco para tanto: el cuarto kilo, a 2.400 rublos, unos 80 dólares). Paso. En los bares, la infusión oscila entre el jugo de paraguas y el petróleo espeso y los menúes a veces sugieren “espresso” en un ítem separado: aclarar antes de que te sirvan un colado flojito. En la Plaza Roja, el Mausoleo de Lenin recibe con un ejército soviético el aluvión de turistas respetuosos y mi fugaz encuentro cara a cara con el padre del comunismo (yo vivo y él muerto, embalsamado atrás de un blindex, todavía en el cajón, la barba rojiza y el gesto beatífico) me impresiona al punto de que… necesito un café. “Necesito”, no “quiero”. Mientras las multitudes colman el Illy o el Armani Caffe, en una callecita trasera encuentro mi lugar en la tarde: KOΦETTN (“Cafetín”), un barcito amable donde me repongo del sofoco iniciándome en Dostoievski y, por 120 rublos (4 dólares), pido un café doble fuerte, y aclaro: “¡Espresso!”.

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