Café y pilas de libros, literalmente

06 Feb 2015

Crónicas de viaje: Cartagena, Colombia 2015, día 5

Cartagena, Abaco

Colombia, tazaEn una exploración urbana por Cartagena, busco la Calle de la Mantilla con relativa dificultad: cambian de nombre cada una cuadra, para desafío de los GPS y desconcierto del despistado. Busco la librería y cafetería Ábaco, que según me contaron es el lugar más exquisito de una ciudad maravillosa. Llego y, en una elipsis alucinante, me encuentro conmigo mismo: en la puerta hay una foto de mi rostro que anuncia mi presencia en la ciudad (todavía se me hace raro ser un autor publicado en un país tan lejano de Parque Chas como el tinto colombiano del ristretto que me quita el sueño). La librería Ábaco es el sueño cumplido de su fundadora, María Elsa Gutiérrez, que le abrió las puertas a la cultura y el arte en un oasis en medio del centro, con pilas (literalmente) de textos. Acá se toma café Illy y se habla de libros. Se llevan a la mesa, se hojean, se toquetean, se leen en promiscua convivencia. Cerca del mar y de la muralla histórica que los conquistadores españoles levantaron para defenderse de los piratas ingleses y franceses, un búnker de letras. Y cuando apriete la panza, que se pida un bocadito de la pastelería acompañado de un buen vino porque el poeta hambriento es un personaje entrañable para la literatura pero aquí se trata más de gozar que de sufrir.

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El barrio que se volvió prisprí

05 Feb 2015

Crónicas de viaje: Cartagena, Colombia 2015, día 4

Cartagena, Se volvió Prispí

Colombia, tazaCuando en Cartagena se diga de algo que “se volvió prisprí” se querrá haber dicho que se volvió demasiado refinado: “cheto”, diríamos los porteños o “fresa”, los mexicanos. En diagonal a la plaza Bolívar (aquí todo se llama Bolívar así como en los pueblos argentinos todo se llama San Martín: la plaza, la avenida o el colegio), en pleno centro cartagenero, la mejora general del barrio provocó el comentario irónico. En esa misma esquina se levanta Se volvió prispí coffee shop, la única cafetería de estilo urbanita internacional en esta ciudad caribeña: como cualquiera de Nueva York o Melbourne, una barra que ofrece capuchinos, mokaccinos y lattes, así como el café tinto tradicional (2.500 pesos colombianos, más o menos un dólar). Para los locales, es una parada obligada: el café se acompaña con empanadas, pizza hojaldrada, sándwiches, bocaditos de queso o… ¡lasaña! Todo bien aceitoso y chorreante, pero exquisito. Como verán, nada demasiado cheto.

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Con la Cajita Feliz no se toma Coca-Cola

04 Feb 2015

Crónicas de viaje: Cartagena, Colombia 2015, día 3

Juan Valdez, variedades

Colombia, tazaPara mí, la Cajita Feliz no es una de cartón con módicas raciones de papas fritas y chiches made in China. Para mí, la Cajita Feliz es la de Juan Valdez. Ficticio terrateniente de las amplísimas extensiones cafetaleras de Colombia, el buen señor lanzó una edición especial con sus mejores cafés de origen, “un homenaje a las regiones del país donde se cultivan cafés con identidad propia y atributos que sólo se logran en condiciones ambientales y climáticas especiales, únicas en cada región”. Ajá. La descubro en una tienda de Bocagrande, el barrio con rascacielos que parecen de Miami y playas que parecen de Mar Chiquita. Por 23.000 pesos colombianos (las continuas devaluaciones hicieron que la cifra parezca astronómica, pero no es más que unos 10 dólares), la cajita feliz trae cuatro sobrecitos de 70 gramos para jugar al sommelier en casa y deleitarse en la degustación. Por ahí está el Sierra Nevada, bien fuerte, con intensas notas de avellana y un residual chocolatoso, o el Nariño, tirando a suave, con notas cítricas y exquisita acidez. También se incluyen el Antioquia, balanceado y con notas dulces, y el Huila, con un residual de caramelo. Además de la promoción turística, la cajita de Juan Valdez devela la importancia creciente que se le asigna al café de origen: aun en el imperio del blend, el orgullo del terruño.

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Reloj, no marques las horas…

03 Feb 2015

Crónicas de viaje: Cartagena, Colombia 2015, día 2

Cartagena, Café del reloj

Colombia, tazaEnfrente de la mítica Plaza del Reloj, el salón está lógicamente presidido por… relojes. Cartagena, Sydney, Londres, Moscú, Nueva York… En una ciudad donde se le dice “café normal” al café que no es espresso, acá sirven espresso en medida sintética y justa, caliente y frío. El Café del Reloj es un espacio moderno (casi “palermitano” podría decir aquel que añora un Palermo en cualquier lado), que ocupa el lobby del hotel Urban Royal y da hacia la plaza, donde un reloj monumental se levanta como pórtico de acceso a la ciudad amurallada. Esa torre es la puerta principal desde 1631, cuando se terminó la pared. Muchos años más tarde empezó a ser demolida pero la infeliz burocracia latinoamericana provocó un final feliz: se quedaron sin presupuesto y quedó en pie. A principios del 1700 le agregaron una puerta barroca, cuatro columnas toscanas y dos bóvedas laterales a prueba de bombas para almacenar víveres y municiones. Puro pastiche tropical. En 1874 llegó el reloj, importado de los Estados Unidos. Y 63 años después se reemplazó por otro suizo, para ser más puntuales. De un lado de esa plaza, el bolichito Donde Fidel ofrece cerveza helada y música cubana. Del otro, el Café del Reloj sirve un gran espresso y, para aquel de ambiciones más módicas, apenas un “café normal”.

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Café, de Etiopía a Juan Valdez

02 Feb 2015

Crónicas de viaje: Cartagena, Colombia 2015, día 1

Libro Café, Colombia

Colombia, tazaEl sueño del Pibe, en el país donde Valderrama es un héroe nacional: llego a Cartagena para presentar la edición colombiana de mi libro “Café”. Aquí, con el buen criterio de los editores, cambió el subtítulo: no se habla de Starbucks, casi una afrenta al orgullo nacional, y la elipsis se traza entre el país donde se descubrió el café y el personaje mítico que celebra la identidad colombiana: “De Etiopía a Juan Valdez”. Para mí, un desafío: ¿cómo recibiríamos en las pampas a un colombiano que venga a contarnos la historia del asado o del malbec? Les digo a mis anfitriones que tal vez haya hecho falta tomar distancia, ver el mundo del café desde el país más austral del planeta y donde no tenemos granos propios. En Colombia, es una cuestión patriótica: los noticieros concluyen con el pronóstico del tiempo, la cotización del dólar y el valor de la libra de café en el mercado internacional. Economía y sentimientos. En cuatro días bien sintéticos, mi viaje por Cartagena tuvo la intensidad de un ristretto. Que lo disfruten sin azúcar.

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