Juan Valdez festeja sus 50 años

09 Sep 2010

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Todavía causa sorpresa (y, por qué no: decepción) cuando algunos se enteran de que no es una persona sino un personaje: Juan Valdez, el ícono que eligieron los cafetaleros colombianos para mostrar su imagen al mundo, festeja sus cincuenta años de vida. Como siempre, acompañado por su fiel mula Conchita. En 1959, la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia encargó a la agencia de publicidad Doyle Dan Bernbach la creación de un personaje que tuviera un nombre simple de pronunciar para los gringos y que se convirtiera en su imagen ante el exigente mercado yanqui, su principal comprador. Desde entonces, se mantuvo como uno de los íconos comerciales más recordados de Latinoamérica y fue estudiado hasta en Harvard como modelo exitoso de campaña de marketing.

juan-valdez-logoPara celebrar el cumpleaños de Juan (que fue interpretado por varios actores en estas cinco décadas, todos ellos con porte de hacendados y recio bigotazo), la Federación lanza la muestra Juan Valdez 50 años, todo un camino por delante, que recorrerá varias ciudades de su país natal. En la expo se exhiben fotos inéditas de la “vida” del cafetero, postales de sus viajes por el mundo, instantáneas junto a personalidades destacadas. Hasta el propio presidente colombiano se sumó al festejo: Juan Manuel Santos dijo que es el “símbolo de un campesino próspero”. En este medio siglo, otras fechas importantes en la vida de Juan Valdez fueron 1981, cuando fue puesto frente a montañas en el diseño del logo que identifica a todos los cafés colombianos, y 2002, cuando empezó a abrir las tiendas Juan Valdez Café en las esquinas más caras de las principales ciudades del mundo.

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Historia del café

Costa Rica: ¡ojalá que llueva café!

07 Sep 2009
Tico tico. Uno de cada cien costarricenses es productor de café.
Tico tico. Uno de cada cien costarricenses es productor de café.

Mientras uno hace cola en un Starbucks (¡interminable!) o intenta apurar el petróleo intragable de “un bar de viejo”, probablemente ignore que en Centroamérica empieza la temporada de cosecha. Con la épica de un relato de aventuras, el diario El País escribe: “Cientos de indígenas panameños están atravesando la frontera hacia Costa Rica para cortar los primeros granos de café de la temporada, que se extenderá hasta febrero en las partes más altas del país. Una nueva grana ha dado inicio. Inmigrantes nicaragüenses, familias nómadas costarricenses, cuadrillas de fincas, colegiales en vacaciones y familias productoras se preparan para llenar los canastos con los granos rojos del producto más tradicional en este país centroamericano…”. Si el documental From the Ground Up es menos lírico y más combativo (denuncia la explotación de los recolectores, entre tanto “comercio justo”), El País recrea el nacimiento de una nación cafetera, donde viven 55 mil productores.

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Café africano: para mí, bien negro

15 Jul 2009

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Una promesa de amistad eterna, aun entre ricos y pobres: en estos días, la tele repite el video We Are the World, aquel de 1985 y con Michael Jackson como rostro del proyecto filantrópico USA for Africa: los músicos color café se compadecían de los que nacieron con menos suerte del otro lado del Atlántico. Y mientras se usa a Africa para lavar las conciencias de Beverly Hills, la infusión del continente negro gana terreno en las tazas del mundo.

Nacido en Etiopía hace como mil años, el café fue africano antes que nada: la leyenda cuenta que el pastor Kaldi descubrió el efecto energizante entre sus cabras al probar unos pequeños frutos rojos (los cafetos). Si la exquisita revista Vanity Fair recomienda en su último número volver a ver alguna película de Ousmane Sembène, recordar las raíces de Yves Saint-Laurent (era argelino) o reservar un vuelo a Madagascar, para oler el aire de Africa no habrá que ir más lejos que hasta el bar de la esquina. Con amplísimas plantaciones en Etiopía y en Kenia, donde se cultiva el mejor de la zona, el café africano ya es menos exótico y más cotizado. Que el sommelier vocacional cierre los ojos y haga la prueba: cumplidos los primeros rituales de la degustación (nada de azúcar, sorber haciendo ruido), el africano retumba como un tambor zulú: fuerte, poco ligero, de mucho cuerpo, gustoso, con sabor intenso, ideal para tomarlo solo.

starbucks-kenya1De este lado del océano, la etiqueta Kenia Keekorok (Establecimiento General de Café, a $ 60 el cuarto kilo) recuerda su cercanía con plantaciones de cacao y se vuelve casi una golosina; el Ethiopian Harrar (Coffee Store, $ 31 el cuarto kilo) homenajea con acidez todas las leyendas sobre el nacimiento de la infusión; y el Kenya (Starbucks, $ 34 el cuarto) se presenta tan “exótico y audaz” como el elefante que se asoma en el paquete por delante de un sol anaranjado. Si en el Día del Amigo el convite básico invitará “¿tomamos un café?”, el bebedor con inquietudes podrá lucirse proponiendo maridajes. Por sus notas ácidas y aun cítricas, el africano combina con un budín húmedo de limón o con galletitas de naranja. Y ante la propuesta indecente de un mozo inexperto (“¿cortado o con crema?”), el sommelier de café será respetuoso de las raíces, y ordenará: “Para mí, bien negro”.

Publicado hoy, en Clarín.

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El café ha muerto, ¡viva el café!

15 Jun 2009

¡Alta traición! Una taza de té

Si la cinta de correr fue creada por los reformistas de las cárceles británicas del siglo XIX (para que los presos se arrepientan de sus actos con una actividad mecánica y repetitiva), la cafetera eléctrica fue una consecuencia feliz de la revolución industrial: un invento para que los empleados no se duerman. Sin embargo, el café no entró en Inglaterra, donde se impuso el ritual del five o’clock tea. Así lo explica el doctor Jorge Falcón:

“Hace más de tres siglos, el café en Europa era una bebida difícil de preparar y conservar en los hogares, y de feo gusto. Los franceses solucionaron el problema agregándole leche, lo cual lo hizo apto para los desayunos domésticos antes de que los modernos métodos de torrado, conservación y preparación lo universalizaran. Pero en Londres, donde llegó a haber cientos de cafeterías en el siglo XVII, no entró en los hogares, ya que en esa época la mayoría de la población era anglosajona pura, con alta incidencia racial de intolerancia a la lactosa (presente en la leche), y por lo tanto diluir el café en leche no servía para su adopción familiar. Esta fue una de las causas de la preeminencia del té en Inglaterra”.

¿Ahora dicen que en Inglaterra no toman café? Lo dijo ayer la revista Viva.

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