Río, día 4: mira qué cosa más linda, más llena de gracia

02 Abr 2010

sommelier-do-cafe1De tan turístico, sería un crimen no visitarlo: aquí se escribió la canción que reversionaron Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Cher y hasta Sepultura y, aunque en el cartel los créditos se repartan, el insidioso remarca que Carlos Antonio Jobim rebautizó al aeropuerto internacional y que Vinicius de Moraes apenas mereció una callecita. Cuando en esta esquina se levantaba el extinto Bar Veloso, los padres de la bossa nova escribieron el tema que celebra el garbo de estas meninas que pasean en dos piezas en camino al mar. A dos cuadras de la playa y en esquina que habrá visto tiempos mejores, el bar Garota de Ipanema (Rua Vinicius de Moraes 49) repite la canción como un mantra carioca o soundtrack interminable, en cinta sin fin. ¡Una que sepamos todos!

garota-de-ipanemaEn las paredes se reproduce la letra para estimular el espontáneo efecto karaoke y los instrumentos de cotillón (guitarra, trompeta) cuelgan sobre las cabezas de los comensales, que soportan estoicos el malo trato de los mozos. ¿Acaso no es un rito de la internacional gastronómica que el camarero de chaqueta y cabellera blanca sea tan severo como acredita su veteranía? Al menos aquí se ofrece el café más barato de Río: a R$ 1,80 (menos de 4 pesos argentinos), una taza en tamaño doble pero más aguada que intensa y que se traga a los apurones, dejando un charco con la malla todavía húmeda y corriendo de vuelta a la playa, qué cosa más linda y más llena de gracia.

 

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>>> Postal de la “saudade”

La auténtica Garota de Ipanema era una chica llamada  Helô Pinheiro y, en el libro Revelação: a verdadeira Garota de Ipanema, Vinicius escribió que ella “era el paradigma del tipo carioca; una mujer dorada, mezcla de flor y sirena, llena de luz y de gracia pero cuya visión es también triste, pues lleva consigo, camino del mar, el sentimiento de lo que pasa, la belleza que no es nuestra — es un don de la vida en su lindo y melancólico fluir y refluir constante.”

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