Con la Cajita Feliz no se toma Coca-Cola

04 Feb 2015

Crónicas de viaje: Cartagena, Colombia 2015, día 3

Juan Valdez, variedades

Colombia, tazaPara mí, la Cajita Feliz no es una de cartón con módicas raciones de papas fritas y chiches made in China. Para mí, la Cajita Feliz es la de Juan Valdez. Ficticio terrateniente de las amplísimas extensiones cafetaleras de Colombia, el buen señor lanzó una edición especial con sus mejores cafés de origen, “un homenaje a las regiones del país donde se cultivan cafés con identidad propia y atributos que sólo se logran en condiciones ambientales y climáticas especiales, únicas en cada región”. Ajá. La descubro en una tienda de Bocagrande, el barrio con rascacielos que parecen de Miami y playas que parecen de Mar Chiquita. Por 23.000 pesos colombianos (las continuas devaluaciones hicieron que la cifra parezca astronómica, pero no es más que unos 10 dólares), la cajita feliz trae cuatro sobrecitos de 70 gramos para jugar al sommelier en casa y deleitarse en la degustación. Por ahí está el Sierra Nevada, bien fuerte, con intensas notas de avellana y un residual chocolatoso, o el Nariño, tirando a suave, con notas cítricas y exquisita acidez. También se incluyen el Antioquia, balanceado y con notas dulces, y el Huila, con un residual de caramelo. Además de la promoción turística, la cajita de Juan Valdez devela la importancia creciente que se le asigna al café de origen: aun en el imperio del blend, el orgullo del terruño.

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