“Enterrado”: tumba al ras de la tierra

07 oct 2010
por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe

coffee-break-webLa trama se resume en un gadget argumental que puede ser pesadilla para un claustrofóbico: un hombre se despierta adentro de un ataúd (“¡¿vivo?!”, se preguntaría la diva desorientada), sólo acompañado por un teléfono inteligente y un encendedor. Le quedan 90 minutos de oxígeno. Y a la desesperación inicial le sucede una sangre fría admirable para el que no es héroe sino, apenas, un común mortal. En la película Enterrado (que se estrena en la Argentina esta semana, en simultáneo con los Estados Unidos), el español Rodrigo Cortés se consagra como director y, si la crítica internacional ya exagera al compararlo con Hitchcock, su película acaso esté inspirada en uno de los capítulos más recordados de la serie televisiva del Maestro del Suspenso: sí, ése de la presa que se despierta en una tumba.

 

enterrado

Gracias a las llamadas con el telefonito, pronto sabremos que el desgraciado Paul Conroy (Ryan Reynolds), está en Irak, que trabaja de camionero y que aquellos que lo enterraron vivo tienen espurias intenciones. Si Náufrago (Robert Zemeckis, 2000) fue acaso el comercial más largo de la historia, 143 minutos con esos planos generosísimos para el correo Fedex o la pelota Wilson, Enterrado parece un infomercial para el BlackBerry: ¡tiene señal hasta debajo de la tierra! En una lucha por la supervivencia antes de que se agoten los dos insumos mínimos, vitales y móviles del hombre contemporáneo (el oxígeno y la batería del celular), Paul llama hasta el otro lado del mundo y comprueba que la burocracia de cualquier callcenter puede ser aún más dañina que un cajón cerrado. Como escribió la revista Variety, la penuria de Paul “da la idea sobre lo que un norteamericano común tiene que pagar por la participación de su país en una guerra horrible”.

“Un momento por favor, le transfiero su llamada”: al final, el celular inteligente se devela imbécil. Tú, tú, tú… Enterrado es una de las películas más económicas y aterradoras de todos los tiempos y se desaconseja para cualquiera que sienta inquietud al entrar en un ascensor: si todavía falta para que Hitchcock empiece a retorcerse en su tumba, al menos daría un ligero respingo.

Publicado hoy en clarin.com

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