
Podría ser la cafetera perfecta para el patovica, aquel forzudo que quiera acompañar la colación diaria de pechuga de pollo y clara de huevo con un cafecito. Pero no: la Cafuertera es un diseño del español Javier Jaén Benavides, que fue elegido para promocionar No Soul for Sale, el Festival de Arte Independiente de Nueva York. Ahora, esta Volturno con anabólicos se exhibe en museos como una muestra de hasta dónde puede llegar una cafetera pasada de rosca.
¡Gracias, March!
“En España creen que yo inventé a Charly García”: el presunto padre de la criatura es Martín Lombardo, escritor argentino exiliado en el Viejo Mundo y autor de Locura circular, una novela en torno a las letras más célebres del rockstar argentino: “Yendo de la cama al living sientes el encierro”, “gozar es tan parecido al amor” o “la sal no sala y el azúcar no endulza”, Charly dixit. De tan redondas, algunos españoles creen que las frases fueron creadas por Martín para darle entidad dramática a “su” rockero de cabecera: “Piensan que es un personaje mío, lo cual para el fan que fui de adolescente es algo que está buenísimo, terminar inventando a tu ídolo”. Si es cierto que todos los temas de Charly, en realidad, son un solo tema, Martín construye una historia coral con retazos de canciones expatriadas: “Era un fanático y de tanto escucharlo, las letras se me pegaron”, asume desde Europa, donde cumple con algunos clichés del ser argentino (es psicoanalista, consiguió varios diplomas pero casi ningún empleo) y da clases en el Instituto de Estudios Políticos de Lyon, Francia: “No me traje todos los discos de Charly, pero los tengo en el iPod. O en la cabeza”.
En psiquiatría, la “locura circular” es el trastorno bipolar, la oscilación de esa gente que vive entre la manía y la depresión: “Y eso me parece una buena metáfora de la vida: hay momentos en los que uno se siente en la mejor de las glorias y otros, en la peor de las mierdas”. De ese péndulo se cuelgan los protagonistas de Locura circular, psicóticos e indocumentados de una Barcelona más secreta que turística: un músico inmigrante sin nombre; un ciego que a su muerte deja un manuscrito misterioso; una travesti psicoanalista que tiene una perrita llamada La Can (je); una hija no reconocida de Marilyn Monroe; una mujer que aprendió las artes amatorias secretas en los hoteles belgas; un chileno que se llama Magallanes y le dicen Estrecho (je je); y un sudaca parecido a Neurus; estos últimos, músicos de bandas que, alternativamente, se llaman Chamameseando con un chamán o El Quinto Beatle Thoné (je je je). Se lee que para ser músico hay que esquizofrenizar con algo. Y en eso se resume la locura circular. “El desafío era cómo ponerle música a una novela”, explica Martín. En hemorragia creativa, sus personajes tomaron vida propia tan rápido como él pudo tipear y, con la euforia y la melancolía rioplatenses, un soundtrack mental repetía canciones de Charly en loop: “Mientras escribía, las letras me venían solas”. Say no more.
Publicado hoy en Clarín
Anoche, en un acto cargado de momentos emotivos (aunque sin togas ni birretes) egresó la quinta promoción del curso Introducción al mundo del café. Pero como bien dice el himno kitsch, todo concluye al fin, todo termina. En septiembre será el último curso del año. Sí, señores: la oportunidad final del 2010 para aprender la historia de la bebida, el cultivo del grano, la cata de varietales y los métodos de preparación. Los rezagados, que se apuren: quienes reserven su lugar antes del 30 de agosto recibirán un descuento del 10% en la matrícula y un regalo especial para degustar el mejor café. Más datos, acá.
Sin el sosiego de una abuelita beatífica o el cinismo de un lobo feroz, la historia de la bebida también tiene mucho de cuento para la hora de la merienda: se dice que el cappuccino debe su nombre al “cappuccio” italiano, ni más ni menos que la caperucita que distingue a los monjes de la Orden de los Cappuccinos. Para algunos, el homenaje se debe a su creador, un recoleto sacerdote fanático de la infusión. Para otros, el café con leche coronado de espuma se compara con la capucha marrón puntiaguda y de ahí viene el tributo. Como sea, el cappuccino es un clásico de Italia, la bebida para las mañanas o para las tardes, jamás para el aperitivo o la sobremesa: puede ser asesina para el hambre o la digestión, en esa hipercalórica combinación de leche + espuma + café + chocolate en polvo + azúcar. ¡Ay!
Compañía perfecta para la colación dulce, el cappuccino requiere apenas una mano entrenada: en disidencia con todas las dietas, este sommelier recomienda usar leche entera porque la descremada no es tan generosa en espuma. Se pone una medida en jarra de aluminio o acero inoxidable y se le sumerge el vaporizador de la cafetera express: hay que dejar entrar el aire caliente poco a poco, moviendo la jarra de manera que la espuma se reparta por toda la superficie, generando muchas burbujas. Es cuestión de práctica, nomás: en el proceso, la leche no debe hervir, sólo hay que calentarla hasta 60 ó 70 grados. Una vez espumada, servirla en un tazón de 150 centímetros cúbicos y después agregarle el espresso, según la fórmula fija: 1/3 de leche calentada al vapor, 1/3 de espuma y 1/3 de café. Como toque final, espolvorear la capucha blanca con cacao rallado.
Para la merienda portátil, el nuevo Cappuccino Estilo Italiano que lanzaron en el kiosco La Serenísima y Cabrales concentra 200 cm. cúbicos de la bebida en tetrabrik que incluye agujero y sorbete para tomar “on-the-go“. Pero en la cafetería, acompañar con galletita dulce y exigir mucha (¡mucha!) espuma: lo demás es puro cuento.
Publicado hoy en Clarín

“Hay que desestacionalizar el producto: que se empiece a tomar no sólo en la forma clásica, como es el café de filtro o el espresso, sino mezclarlo con otras bebidas”: ésta es la receta de Martín Cabrales para aumentar el consumo de café en la Argentina, que sigue estancado desde principios de la década del ‘70 en 1 kilo por habitante por año. Menos de cien tazas. “Hay que crear cultura para tomarlo frío, con alcohol, usarlo en recetas de cocina…”, dice Martín, vicepresidente de Cabrales y secretario de la Cámara Argentina del Café. Si el objetivo es captar al público joven, el lanzamiento del Cappuccino Estilo Italiano, en coproducción con La Serenísima, apunta al consumo portátil: apto para la mochila o la viandita, un tetrabrik de 200 centímetros cúbicos con agujero y sorbete, que combina leche + café + cacao en polvo + azúcar. Se puede tomar frío o caliente y se ofrece en kioscos, almacenes y supermercados: cuando el café empieza a entenderse más como un postre que como una infusión, este clásico italiano llega a las góndolas. Para Martín, el público demanda bebidas de consumo rápido y preparación fugaz: “Ya no son sólo el té o el mate las competencias directas del café: más bien, cualquier bebida, como las gaseosas, los jugos o los lácteos. Todo está en el desayuno“.

“George Clooney y John Malcovich no son los únicos que se pelean por un Nespresso estos días”, dice hoy el diario El País de España. Sucede que, finalmente y como se preveía, la multinacional suiza Nestlé demanda a la empresa yanqui Sara Lee y a un ex ejecutivo de Nespresso por la violación en la patente del diseño de la famosa cápsula. La guerra empezó en abril, cuando Sara Lee y la empresa Ethical Coffee (de un ex empleado de Nestlé) lanzaron cápsulas que funcionan en máquinas Nespresso. “Con miles de millones en juego, Nespresso ha demandado a sus rivales acusándolos de fabricar copias de las cápsulas originales a precios más baratos que violan la propiedad intelectual de Nestlé”, escribe El País. Los juicios podrían empezar el mes que viene, en París. Dijo Richard Girardot, consejero delegado de Nestlé: “La empresa ha invertido millones de euros en desarrollo e innovación de Nespresso durante muchos años. Así que cuando alguien sale con una mera copia del producto, tenemos que protegernos”. Contestó Jean-Paul Gaillard, que manejó Nespresso durante diez años y ahora se lanza con sus propias cápsulas biodegradables bajo la marca Ethical Coffee: “Lo que están haciendo es similar a lo que hacían Hewlett-Packard o Epson intentando prohibir los cartuchos genéricos. Intentan frenar las copias, pero nuestro producto no es una copia”. Los números son contundentes: según El País, las cápsulas suponen entre un 20 y un 40 por ciento de las ventas totales de café molido en Europa, que alcanzan a 13.000 millones de euros. Las ventas de Nespresso crecieron un 30% anual de promedio en los últimos diez años, desde que emprendió una agresiva campaña para convertir un producto de oficina en algo imprescindible entre los urbanitas chic. Con más de 200 tiendas por todo el mundo y la página web, Nespresso ya vendió más de 20.000 millones de cápsulas.

El pez chico se comió al grande: en reversión de los usos y costumbres de la pirámide alimenticia, la cadena argentina de cafeterías Tentissimo compró Delicity, su principal competidor. El acuerdo, anunciado ayer, incluye la transferencia de la marca y la administración de todas sus franquicias. Lo inusual de la operación es que Tentissimo tiene sólo 17 locales contra 60 de Delicity, una de las cadenas con más presencia en los barrios de Buenos Aires, y hasta ahora operada por la multinacional yanqui General Mills, la sexta compañía de alimentos más grande del mundo y dueña de marcas históricas como Haagen-Dazs, La Salteña, Natural Valley y Pillssbury. Delicity abrió su primer local hace 24 años con el concepto de panaderías hot always hot: productos siempre recién hechos, horneados a la vista del público. Después amplió el menú de su carta gastronómica y, en los últimos tiempos, agregó cafés especiales.
Con su fórmula de rock hormonal y sexplotation adolescente, pasaron como un cometa hace 35 años. Ahora, una peli congela a las quinceañeras en el momento más caliente de sus vidas.
En primer plano, el goteo anuncia la inminente formación del charco rojo carmesí en la vereda. Esta es una típica fábula de iniciación rockera (con la tríada ascenso-gloria-caída) pero el mojón no es producto de una hemorragia nasal ni de un tajo punk: apenas, una primera menstruación. La sangre chorrea entre las piernas de la que nació con destino de rockstar, eufórica a los 15 por su ingreso a la adultez en plena calle: si la anécdota podría ser tragedia femenina para el comercial de toallitas, acá es motivo de celebración. “Ya sos oficialmente una mujer”, le dicen: “¡Salgamos a festejar!”. La escena abre la película The Runaways, la biopic rockera que se está estrenando esta semana en el mundo (todavía sin fecha legal en la Argentina) y que, a exactos 35 años de aquel período, revive la bandita homónima que pretendía ser “el primer grupo femenino y creíble de rock del mundo”. La rubia del charco entre las piernas es Cherie Currie (interpretada por la ex niña prodigio Dakota Fanning, en su primer papel adulto), la que toca la guitarra a su lado es la morocha Joan Jett (con el gesto mustio de Kristen Stewart, la carapálida de Crepúsculo) y el que las maneja es Ken Fowley (Michael Shannon), productor gurú y cínico consumado: “Esto no es sobre la liberación femenina”, habrá dicho así en la vida como en el cine, mientras bombardea a sus chicas con latas de cerveza y caca de perro para templar su carácter: “Esto es sobre la libido femenina. A la mierda la autoridad, quiero un orgasmo”.

Ni autoconciencia de género ni épica feminista: apenas, la odisea de unas quinceañeras por abrirse paso en un mundo machista. Si el hit de 1976 (Cherry Bomb) era una oda a la sexualidad combativa que parecía alienar, asquear y excitar a la vez, también fue prueba de la sexplotation teen que un productor vislumbró veinticinco años antes de que Britney, en jumper y gestito perverso, dijera: “Ooops, lo hice de nuevo”. Aunque Joan haya sido el motor de la banda (y, ya separadas las Runaways, millonaria con el himno superventas I Love Rock and Roll), la película está basada en Neon Angel, la autobiografía de Cherie, así que ella es la protagonista, glamorosa en sus precoces quince, rebelde hormonal ante la advertencia represiva e indiferente frente al mandato familiar, el clásico de la hermana más abnegada: “¡Mamá te va a matar!”. En su libro, ella recuerda esos años: “La actitud era que las mujeres no podíamos hacer rock. Eramos una verdadera amenaza, especialmente por ser adolescentes”. El texto completo, acá.

Mientras el consumo “responsable” de alimentos cada vez gana más mesas, en Buenos Aires se ofrecen nuevos cafés orgánicos. En el Establecimiento General de Café anuncian la llegada de flamantes variedades y del descafeinado orgánico de Sumatra. Importado desde las remotas plantaciones del sudeste asiático, este café es tratado con el exclusivísimo Swiss Water Process, un método único que no usa solventes para separar la cafeína y que, pícaros, los suizos no exportan. Se dice que el resultado es un descafeinado orgánico “más puro, sano y natural”. El resto de la carta se completa con nuevas variedades de Guatemala, Colombia y Brasil, algunas certificadas por ELAN, la organización internacional dedicada a la protección del comercio justo.

Racepresso. En rojo y negro, la máquina creada por Nespresso y Ferrari.
¿Cómo será tomarse un espresso a 220 kilómetros por hora? Igual que con los autos, este diseño conceptual todavía es un prototipo pero se espera que se ponga a la venta dentro de dos años: la suiza Nespresso y la italiana Ferrari se unieron para crear una máquina de cápsulas con forma de… casco de automovilista. De tan tanos y fanas del ristretto, en Ferrari ya lanzaron varios modelos de cafeteras inspirados en sus diseños y en sus tradicionales colores, rojo y negro. Ahora, el diseñador Ilgar Rustamov, que trabaja para la mítica casa Pininfarina, creó para Nespresso este modelito con forma de casco de piloto, que contiene el depósito de agua en la parte trasera y el café en la parte superior. La visera se abre para alojar una tacita. Y el nombre de la máquina conjuga las dos inspiraciones, las carreras y el café: se llama Racepresso.