Un café en una taza de café

23 ago 2016
por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe

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Existen de porcelana, de cerámica, de papel y hasta de galletita: ahora inventan las tazas hechas con granos de café. Una pequeña empresa de Berlín llamada Kaffeeform presentó su línea de pocillos como un mensaje de cuidado del planeta: utiliza granos de café ya usados. El diseñador industrial alemán Julian Lechner empezó a experimentar con el café durante sus estudios en Bolzano, Italia y tardó cuatro años en dar con la fórmula para convertir el poso de café en un elemento tan sólido como para fabricar una taza. Además de un negocio, Kaffeeform se propone como un llamado de atención para reutilizar los elementos que nos rodean.

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Un súper tazón de súper café

22 ago 2016
por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe

Coffiest

El nuevo súper alimento se llama Coffiest y promete un desayuno embotellado. Es una evolución de Soylent, el concentrado que se convirtió en uno de los negocios más prósperos de Silicon Valley con su promesa de altísimo rendimiento calórico en polvo para diluir. El Coffiest se propone como todo lo que uno necesita para el desayuno: calorías y cafeína. Presentado en una botella de plástico, es una receta magistral de polvo de soja, aceite de algas y café. Vegano y libre de lactosa, se vende en los Estados Unidos como “el desayuno del futuro”, un reemplazo eficiente de los huevos revueltos, la panceta y el café americano: 400 calorías listas para batir y beber.

Leé más sobre Soylent, el engrudo que se presenta como “la comida del futuro”.

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Pornografía entre panes

19 ago 2016
por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe

Pornburgerbook

Foodies-logoEl último cruce de gastronomía y cultura popular es el PornBurger: alumbrado al calor del furor mundial por la hamburguesa gourmet, es la creación del periodista Matthew Ramsey, que transformó su fetiche alimentario en un fenómeno. Autobautizado como “pervertido por la hamburguesa”, a los 36 años creó la plataforma PornBurger, que se convirtió en una guía de referencia mundial y donde registra las fotos más pornográficas que se hayan tomado alguna vez sobre la comida. Después del éxito viral, prepara un libro y abrirá su propio restaurante.

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Postas de paso para elegir, beber y disfrutar

18 ago 2016
por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe

La columna que escribió Nicolás Artusi en el diario La Nación sobre las “cuevas de café”.

Santa

El café es el nuevo vino: con la certeza indiscutible de un mundo siempre apurado por escuchar el último grito de la moda (hoy, la red social que supere a Snapchat o el jueguito que haga del Pokémon Go un entretenimiento tan demodé como la bolita), la parábola histórica por fin hace justicia. Tal vez en un tardío reconocimiento hacia la bebida que se descubrió hace más de mil años junto al Mar Rojo y que entonces se conoció como “vino árabe”, el café ahora también tiene sus varietales, sus cepas, sus cosechas. Y convertido en una nueva clase de saber social, tan admirado como aquel que posee el que sabe distinguir un Malbec de un Syrah con los ojos cerrados, es el tónico de una época que exige algunos de los atributos que ofrece la cafeína: rapidez y lucidez mental. Como cualquier practicante de una subcultura, el hombre cafeinizado se reúne en cuevas de café, como les digo a los templos platónicos donde el fanático se saca el gusto y, con el código compartido de los entendidos, pide un espresso de origen exótico o prueba una taza preparada con el grano de una cosecha impar.

En las cuevas de café el barista es amo, señor y patrón de sus dominios: hábil en el manejo de la cafetera express, también opera los métodos filtrados, como la Chemex o la Aeropress. Si es justo decir que el barista es el nuevo rockstar (como fueron antes los DJs, los artistas callejeros, los cocineros y los bartenders), con sus prismas y tubos de vidrio sin cables ni enchufes ofrece una prueba unplugged de su pericia acústica. A su alrededor se congrega una pequeña pero irreductible feligresía de fans que busca en la cueva un disfrute singular: el ristretto sintético y potente, el flat white que supone una variación en el cortado clásico o el cold brew coffee, el café filtrado frío como una limonada. Con la pericia técnica de un enólogo (y también, un poco de sanata), el bebedor experimentado compara el color de la crema, el espesor de la espuma, la intensidad del aroma, la complejidad del sabor, la permanencia del gusto: hace del trámite fugaz una experiencia hedonista.

La edición limitada de un grano de Ruanda o de Sumatra convierte al fanático en arqueólogo de bar y lo distingue de aquel que toma un café sin preguntarse qué hay detrás de la taza. Siempre curioso por los misterios del oro negro, no quiere eternizarse en una mesa para leer el diario (aunque no se conoce que ninguna cueva haya echado a nadie por haberse quedado toda la tarde con un café y diez vasitos de agua): a diferencia del cafetín porteño, una adaptación local de las “universidades del penique” londinenses donde por el precio de una infusión se dictaban todas las asignaturas de la vida, la cueva es posta de paso: si el café no debe enfriarse porque a los dos minutos ya pierde sus aromas y sabores, aquí se elige, se bebe, se disfruta y se sale, en búsqueda de un nuevo descubrimiento.

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Una experiencia para entendidos

17 ago 2016
por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe

Negro cueva de café

Catoti

Las cuevas de café llegaron a la tapa del diario: La Nación publicó una nota sobre “el santuario de una experiencia para entendidos”. La noticia es que se amplía en Buenos Aires la oferta de lugares donde se aprecian el color de la crema, el espesor de la espuma y la complejidad del sabor. Y entre los lugares elegidos por el cronista se encuentran algunas de las cuevas más recientes y especializadas de la ciudad, como Negro, Shelter, Santa, La Unión, Catoti y All Saints, que desde distintos barrios se levantan como pequeños espacios de resistencia cafetera donde se rinde tributo a la mejor manera de tomar café.

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