Todo el dolor: Bowery Coffee se fue de gira

31 mar 2015
por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe

Bowery Coffee cerrado

I Love New York taza 2015Hace unos años, fue elegida como la mejor cafetería de una ciudad que abunda en buenas cafeterías. Pero un mal día de estos últimos meses, los vecinos que la frecuentaban se encontraron con la puerta clausurada, la cafetera desmontada y las lámparas industriales desenchufadas: cerró Bowery Coffee. La explicación que dieron sus dueños es que el negocio de vender espresso al paso no era rentable. Pero en realidad se trata de otra fenomenal maniobra de especulación inmobiliaria: según pude leer en un periódico barrial, el dueño de este edificio en la frontera norte del Soho no quiso renovar el contrato de sus inquilinos porque vendió todo el lote en… 62 millones de dólares. En esta esquina, que también ocupa el reputado restaurante Cherche Midi, pronto habrá departamentos de lujo, que se ofrecerán por millones. Para los vecinos, siempre habrá tazas vacías.

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Crónicas de viaje

¡Dame más gasolina!

30 mar 2015
por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe

Gasoline Alley

I Love New York taza 2015Una fulgurante bicicleta de un rojo cromado cuelga desde el cielo raso y se refleja en la cafetera La Marzocco, también brillante como un espejo recién lustrado: modo y reflejo de un estilo de vida citadino moderno, con el café como combustible para el ciclista apurado. En la avenida Lafayette casi llegando a Houston, Gasoline Alley Coffee combina ladrillos a la vista con cemento alisado y, sobre todo, el espresso como unidad de producción: a 2,75 una taza provista por la marca Intelligentsia, que se asemeja al gusto argentino por el “cafecito”. Con más agua y un vasito de cortesía, menos áspero que el ristretto cortísimo que sirven en la vecina Little Italy. En un país y una ciudad obsesionados por los récords, Gasoline Alley rinde tributo a una de las historietas más populares de la nación, que se publica desde 1918 aunque la edad no le alcance para el Guinness: se aclara que es “la segunda más antigua de las tiras cómicas de los Estados Unidos”. Y ya se sabe: acá y en muchos lados, el segundo es el primero de los perdedores.

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Crónicas de viaje

Seattle, 1971: verde que te quiero verde

27 mar 2015
por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe

La historia ilustrada del vicio permitido.

Starbucks, cartoon

En marzo de 1971, tres amigos universitarios fundaron un pequeño despacho de café en el mercado Pike Place de Seattle y lo bautizaron en homenaje a un personaje de Moby Dick. Pronto contrataron a Howard Schultz, un empleado que se quedaría con la compañía y que, después de un epifánico viaje a Milán, adaptaría el espresso al gusto de los yanquis y daría los itálicos nombres de “alto”, “grande” y “venti” a sus nuevos vasos de cartón. Cuatro décadas más tarde, Starbucks es la mayor empresa de café del mundo, con casi 21 mil tiendas. La ola verde se convirtió en un tsunami.

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El libro del Café

Nueva York, 1959: Juan Valdez nace en Manhattan

26 mar 2015
por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe

La historia ilustrada del vicio permitido.

Juan Valdez, Kurosama

Aun con la guayabera blanca, el sombrero de paja y la mula Conchita, Juan Valdez nació en plena Madison Avenue, en el recoleto corazón de Manhattan. En 1959, los cafeteros de Colombia le encomendaron a la agencia de publicidad DDB la creación de un personaje que fuera amigable para los consumidores y que tuviera un nombre que los gringos pudieran pronunciar. La campaña fue un éxito sin precedentes. En sólo cinco meses, el 87 por ciento de los estadounidenses reconocía a Juan Valdez como “un hombre de confianza”. Desde entonces, fue un emblema del café colombiano y, aunque se proponía como un ícono nacional, en realidad era un personaje ficticio: aunque se presentaba como un caficultor auténtico, lo representaba el actor José Duval, que jamás había pisado una finca cafetera y era cubano.

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El libro del Café

Nueva York, 1952: la invención del coffee break

25 mar 2015
por Nicolás Artusi
@sommelierdecafe

La historia ilustrada del vicio permitido.

Mad Men, taza

Salvavidas para la fatal hora de la siesta, la pausa laboral para el café se institucionalizó en 1952, cuando una campaña publicitaria de los Mad Men reales acuñó el eslogan insuperable: “Bríndese un coffee break y vea lo que el café le brinda a usted”. Había sido un encargo de la Agencia Panamericana del Café, que quería formalizar una costumbre que ya se había extendido entre patrones y empleados: para mediados del siglo XX, el 80% de las empresas consentía un recreo de 15 minutos para tomar café.

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El libro del Café