

Una mitología rockera rebautizó “Madchester” a esta ciudad industrial del noroeste de Inglaterra, por la locura general ambiente que contagia e inspira a sus más célebres vecinos, desde los Stone Roses y Oasis hasta los Happy Mondays. Domingos felices son los que se viven acá, en Manchester: con el brunch instalado como tradición británica (a todo le ponen huevos revueltos, God save the Queen!), en este mediodía celebro el desayuno-almuerzo en Nero, una cadena de cafeterías más gourmet que Starbucks, donde la novedad del momento es el instantáneo VIA, que parece languidecer en la soledad de la góndola. En Nero, el café se sirve en tazón de cerámica (aunque también existe la versión take-away en vaso de cartón) y los hallazgos vienen desde la pastelería: la infusión se acompaña con una colación de panettone clásico, apenas un pan dulce en medida individual para el nostálgico de las navidades, y con granos de café bañados en chocolate amargo, que se venden en cajitas de cartón individuales, como las del maní que acompañó tantas matinés de cine infantil. Orgullosos, en Nero se agrandan: “Servimos el mejor espresso de este lado de Milán”, discuten como slogan. Del otro lado de la calle rivaliza Costa Coffee, la cadena popular inglesa que decora sus locales con vistosas margaritas multicolores y que, como lema, pregunta: “What do you feel like today”. El inventazo de los hermanos italianos Bruno y Sergio Costa abrió su primer local en Vauxhall Bridge Road en 1971 y ya van por 1069 tiendas sólo en Inglaterra (tienen presencia en otros 27 países). ¿Un filón? Los tanos vendieron su empresa a la Whitbread Company en una millonada, con su bien ganada fama de maestros cafeteros. Hoy, el arcoiris que viste sus locales parece un involuntario homenaje a la populosa comunidad gay de Manchester, que justo celebra su semana del orgullo y que lleva a las calles, en alegre comunión con los rockeros, a las locas de este lado de Milán.

La efeméride indica que en este solar “in the middle of nowhere” (como diría el británico de esta zona, con típica flema inglesa y cerrado acento rural) vio nacer al rockstar malogrado Ian Curtis. Los homenajes a Joy Division se multiplican en la escasa memorabilia del lugar. Unidos por la felicidad, los bailarines que vienen al megafestival electrónico Creamfields taponan la autopista M56 que une Liverpool con Manchester y el atasco impone una parada. Stop. Si la tradición cafetera de la isla de Java, en Indonesia, rebautizó con su nombre la bebida en el hemisferio norte (y hasta la empresa tecnológica homónima eligió como logo una tacita humeante), es obvio que el cartel en la ruta anuncia “Java” y el pasajero en tránsito sabe qué se ofrece: café.
Así como en la Argentina toda heladería que se precie debe ostentar una filiación itálica para gozar de prestigio, acá la infusión Real es el té y lo más cotizado del oro negro se promociona como “il vero caffé di Italia“. De tan respetuosos de la tradición, en Java ofrecen un ristretto súper concentrado, un caffé latte o un cappuccino, todos así, con el nombre en itálico aunque sin bastardillas. La demanda de energía que exige una fiesta electrónica me inclina hacia lo más calórico: un cappuccino servido en tazón… ¡triple!, bien coronado por una espesa espuma de leche y regado con el chocolate rallado. La marca es, claro, Piacetto: importado de Roma, un blend que promueve el método de tostado lento, para estimular los aceites, aromas y sabores del grano, y que celebra “per la grande gioia di un piccolo momento“. Do you speak Italian?


El último censo que se hizo aquí fue en el año 2001 y precisó la modesta población del municipio: 216 habitantes. Es la mitad de la nada en plena campiña inglesa y el caserío comparte nombre con la parroquia: Daresbury, condado de Cheshire. Aunque el mojón ocupa apenas un puntito microscópico en el mapa de Inglaterra, todos los años la peregrinación convoca a los fieles por estos caminos: acá se celebra Creamfields, la fiesta electrónica más grande del mundo. Pero los devotos de los santos paganos vienen en batallones porque aquí mismo nació el reverendo Lewis Carroll, sumo pontífice de las fábulas lisérgicas y benefactor de todas las niñas del mundo.
El autor de Alicia en el País de las Maravillas retozó por estas praderas y uno, siempre obsesionado por el librito, alucina con una puerta secreta entre aquellas madrigueras. La tierra empieza a vibrar por los saltos de los 45.000 bailarines que se enchastran en estos campos de crema. Y se puede imaginar al Gato de Cheshire, patrono de estas tierras altas, lúcido observador de las masas sudorosas, eterno cínico en sonrisa sardónica: “Toda aventura necesita de un primer paso”, habrá dicho: “Trillado pero cierto, aun aquí“. En mis primeras horas en la Gran Bretaña, me animo a esos trémulos pasitos y reemplazo la cafeína de un espresso típico por la latita de energizante aunque imagino que, en esa pequeña loma de la pradera, Alicia, el Gato y el Sombrerero Loco disponen la vajilla para la ceremonia del té.

Sí, puede que sean un poco naifs. Pero también son pequeñas piezas de arte efímero. El diseñador yanqui Boey perfeccionó una técnica para pintar sobre telgopor y, rápido, lanzó su línea de vasitos decorados. La colección es infinita y, ahí donde el sommelier profesional exija la taza reglamentaria de loza o porcelona, él defenderá el telgopor como lienzo de expresión artística. ¡Cuidado que quema!

¡Ultimo momento! Las agencias de noticias internacionales están replicando el cable que podría cambiar el negocio del café en los próximos años: “Nestlé invertirá 487 millones de dólares en un proyecto mundial de café”. Como una especie de Plan Marshall de la bebida, la multinacional suiza se propone crear un grano específico de alta calidad para todos sus productos cafeteros. Cito a la agencia EFE: “La compañía de alimentación Nestlé anunció hoy en México una inversión de 500 millones de francos suizos (unos 487 millones de dólares) en un proyecto que contempla la creación de un grano específico de alta calidad para sus productos de café. Paul Bulcke, director general de la firma suiza, precisó en una conferencia de prensa en Ciudad de México que el proyecto, denominado Plan Nescafé, permitirá a la empresa optimizar su cadena de suministro de café a nivel mundial. El plan busca ‘crear un grano específico de alta calidad y la inversión abarca a países productores como México, Vietnam, Brasil, Colombia, Indonesia, Filipinas y China’, detalló el alto directivo. La iniciativa contempla distribuir a los caficultores 220 millones de plantas de café de alto rendimiento y resistentes a enfermedades, con las que podrán renovar sus plantaciones, ‘multiplicar el rendimiento de la tierra existente y aumentar los ingresos de los agricultores’”. También se anunció que en los próximos cinco años Nestlé duplicará la cantidad de café que compra de manera directa a los campesinos, lo que le permitirá adquirir hasta 180.000 toneladas de granos a unos 170.000 productores por año.

Podría ser la cafetera perfecta para el patovica, aquel forzudo que quiera acompañar la colación diaria de pechuga de pollo y clara de huevo con un cafecito. Pero no: la Cafuertera es un diseño del español Javier Jaén Benavides, que fue elegido para promocionar No Soul for Sale, el Festival de Arte Independiente de Nueva York. Ahora, esta Volturno con anabólicos se exhibe en museos como una muestra de hasta dónde puede llegar una cafetera pasada de rosca.
¡Gracias, March!
“En España creen que yo inventé a Charly García”: el presunto padre de la criatura es Martín Lombardo, escritor argentino exiliado en el Viejo Mundo y autor de Locura circular, una novela en torno a las letras más célebres del rockstar argentino: “Yendo de la cama al living sientes el encierro”, “gozar es tan parecido al amor” o “la sal no sala y el azúcar no endulza”, Charly dixit. De tan redondas, algunos españoles creen que las frases fueron creadas por Martín para darle entidad dramática a “su” rockero de cabecera: “Piensan que es un personaje mío, lo cual para el fan que fui de adolescente es algo que está buenísimo, terminar inventando a tu ídolo”. Si es cierto que todos los temas de Charly, en realidad, son un solo tema, Martín construye una historia coral con retazos de canciones expatriadas: “Era un fanático y de tanto escucharlo, las letras se me pegaron”, asume desde Europa, donde cumple con algunos clichés del ser argentino (es psicoanalista, consiguió varios diplomas pero casi ningún empleo) y da clases en el Instituto de Estudios Políticos de Lyon, Francia: “No me traje todos los discos de Charly, pero los tengo en el iPod. O en la cabeza”.
En psiquiatría, la “locura circular” es el trastorno bipolar, la oscilación de esa gente que vive entre la manía y la depresión: “Y eso me parece una buena metáfora de la vida: hay momentos en los que uno se siente en la mejor de las glorias y otros, en la peor de las mierdas”. De ese péndulo se cuelgan los protagonistas de Locura circular, psicóticos e indocumentados de una Barcelona más secreta que turística: un músico inmigrante sin nombre; un ciego que a su muerte deja un manuscrito misterioso; una travesti psicoanalista que tiene una perrita llamada La Can (je); una hija no reconocida de Marilyn Monroe; una mujer que aprendió las artes amatorias secretas en los hoteles belgas; un chileno que se llama Magallanes y le dicen Estrecho (je je); y un sudaca parecido a Neurus; estos últimos, músicos de bandas que, alternativamente, se llaman Chamameseando con un chamán o El Quinto Beatle Thoné (je je je). Se lee que para ser músico hay que esquizofrenizar con algo. Y en eso se resume la locura circular. “El desafío era cómo ponerle música a una novela”, explica Martín. En hemorragia creativa, sus personajes tomaron vida propia tan rápido como él pudo tipear y, con la euforia y la melancolía rioplatenses, un soundtrack mental repetía canciones de Charly en loop: “Mientras escribía, las letras me venían solas”. Say no more.
Publicado hoy en Clarín
Anoche, en un acto cargado de momentos emotivos (aunque sin togas ni birretes) egresó la quinta promoción del curso Introducción al mundo del café. Pero como bien dice el himno kitsch, todo concluye al fin, todo termina. En septiembre será el último curso del año. Sí, señores: la oportunidad final del 2010 para aprender la historia de la bebida, el cultivo del grano, la cata de varietales y los métodos de preparación. Los rezagados, que se apuren: quienes reserven su lugar antes del 30 de agosto recibirán un descuento del 10% en la matrícula y un regalo especial para degustar el mejor café. Más datos, acá.
Sin el sosiego de una abuelita beatífica o el cinismo de un lobo feroz, la historia de la bebida también tiene mucho de cuento para la hora de la merienda: se dice que el cappuccino debe su nombre al “cappuccio” italiano, ni más ni menos que la caperucita que distingue a los monjes de la Orden de los Cappuccinos. Para algunos, el homenaje se debe a su creador, un recoleto sacerdote fanático de la infusión. Para otros, el café con leche coronado de espuma se compara con la capucha marrón puntiaguda y de ahí viene el tributo. Como sea, el cappuccino es un clásico de Italia, la bebida para las mañanas o para las tardes, jamás para el aperitivo o la sobremesa: puede ser asesina para el hambre o la digestión, en esa hipercalórica combinación de leche + espuma + café + chocolate en polvo + azúcar. ¡Ay!
Compañía perfecta para la colación dulce, el cappuccino requiere apenas una mano entrenada: en disidencia con todas las dietas, este sommelier recomienda usar leche entera porque la descremada no es tan generosa en espuma. Se pone una medida en jarra de aluminio o acero inoxidable y se le sumerge el vaporizador de la cafetera express: hay que dejar entrar el aire caliente poco a poco, moviendo la jarra de manera que la espuma se reparta por toda la superficie, generando muchas burbujas. Es cuestión de práctica, nomás: en el proceso, la leche no debe hervir, sólo hay que calentarla hasta 60 ó 70 grados. Una vez espumada, servirla en un tazón de 150 centímetros cúbicos y después agregarle el espresso, según la fórmula fija: 1/3 de leche calentada al vapor, 1/3 de espuma y 1/3 de café. Como toque final, espolvorear la capucha blanca con cacao rallado.
Para la merienda portátil, el nuevo Cappuccino Estilo Italiano que lanzaron en el kiosco La Serenísima y Cabrales concentra 200 cm. cúbicos de la bebida en tetrabrik que incluye agujero y sorbete para tomar “on-the-go“. Pero en la cafetería, acompañar con galletita dulce y exigir mucha (¡mucha!) espuma: lo demás es puro cuento.


